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Responso del P. Ezcurra

Responso pronunciado por el P. Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu,

en ocasión de la Repatriación de los restos del

Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas

 

Señor te damos gracias porque Juan Manuel ha vuelto a su Patria.

Te damos gracias porque ha vuelto por la puerta grande con el reconocimiento y con el honor que San Martín le deseara…

Te damos gracias porque ha encontrado un lugar en el corazón de su Pueblo…

Te damos gracias porque al sepultarlo, sepultamos más de cien años de leyenda negra, de oscuridad, de historia escrita con inexactitudes a designio…

Te damos gracias  en nombre de todo este Pueblo en fiesta…

Y te pedimos Señor…Te pedimos que no olvidemos nunca las cosas grandes de nuestro pasado porque una Nación solo puede construir su futuro si como un árbol tiene hundidas profundamente las raíces en la Verdad de su pasado.

Te pedimos Señor que el ejemplo de Juan Manuel sea la inspiración de nuestra juventud. Que miren no a los ídolos de la farándula o de las series extranjeras sino al ejemplo de los santos y al de los héroes y encuentre en Juan Manuel el arquetipo del Gaucho y del Patriota… Que Juan Manuel con su austeridad y con su honradez, con su patriotismo y con su firmeza sea el ejemplo para nuestros hombres de gobierno.

Te pedimos Señor por la Unidad de todos los argentinos. Por una unidad que no sea construida sobre pactos que no se cumplen, sobre dobles discursos, sobre palabras falsas ni un sentimentalismo que no dura sino en la verdad de una empresa grande, de una empresa nacional del Bien Común de la Patria puesto por encima de los intereses particulares, por encima de los intereses de sector, de clase o de partido.

Te pedimos nos des la gracia de construir la Argentina mirando hacia las profundas raíces, hacia los valores espirituales, culturales y tradicionales de nuestra Patria. No hacia lo que nos viene importado desde afuera, hacia las ideologías, hacia los imperios que Juan Manuel enfrentó sin ceder ante ellos ni un ‘tranco de pollo’.

Te rogamos Señor por los que han hecho esta Patria, regando y santificando su suelo con el sudor en el trabajo, con la sangre en las batallas.

Te rogamos por el alma de todos los muertos por la Patria. En la Independencia, en las guerras de la Soberanía, en la Vuelta de Obligado. Por aquellos que no descansan sino esperan en la turba de las Malvinas y en las aguas heladas de los mares del sur.

Te rogamos Señor que le des a Don Juan Manuel de Rosas el descanso eterno y que a nosotros nos niegues el descanso, nos niegues la tranquilidad, la comodidad y la paz hasta que con los escombros de esta Patria en ruinas sepamos edificar la Argentina Grande que Juan Manuel amó, en la cual soñó y por la cual entregó su vida.

 

 [Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu, nació el 30 de julio de 1937 y se fue con el Señor el 26 de mayo de 1993]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

25/05/2008 21:03 Autor: utopia. Enlace permanente. Tema: Drama político argentino No hay comentarios. Comentar.

Análisis histórico argentino

Análisis histórico argentino

 2. Raíces históricas del drama político argentino 

Hoy existe en la Argentina, como nunca antes, un desaliento generalizado sobre su destino y una falta notoria de interés por la acción cívica. Resulta evidente la desconfianza o el desprecio que genera la política en la mayoría del pueblo, ésa que, según la teoría democrática, posee la soberanía. De allí la necesidad de conocer la propia historia nacional. Pues, como enseña el Prof. Widow, “cada cual es lo que ha sido. Condición indispensable para asumir la propia realidad es, por consiguiente, el juicio recto sobre el pasado: es la única base posible para una rectificación  o ratificación de intenciones y conductas, evitanto las ilusiones y los complejos.”[1] 

Nos parece que, si a la política se la considera la “cenicienta del espíritu”, habrá en el país mayor proporción de buenos profesionales, eficientes técnicos, abnegados docentes e inspirados artistas, que políticos aptos en el servicio a la comunidad. No puede extrañar que esta actividad genere recelos, pues es la función social más susceptible a la miseria humana, la que exacerba en mayor medida todas la pasiones y debilidades. Pero la situación actual en nuestro país es, y desde hace mucho tiempo, verdaderamente patológica; la mayoría de los buenos ciudadanos, comenzando por los más inteligentes y preparados, abandonan deliberadamente la acción política a los menos aptos y más corruptos de la sociedad, salvo honrosas excepciones.

Por cierto que los desatinos y desfalcos de los sucesivos gobiernos, resultantes de esta selección al revés -kakistocracia: gobierno de los peores-, realimenta el desprecio hacia la política.Explica Marcelo Sanchez Sorondo que: “...al ocurrir la vacancia del Estado por el ilegítimo divorcio entre el Poder y los mejores, en la confusión de la juerga aprovechan para colarse al Poder los reptiles inmundos que, denuncia Platón, siempre andan por la vecindad de la política, como andan los mercaderes junto al Templo.” [2] 

Se ha llegado a esta situación por un progresivo y generalizado aburguesamiento de los ciudadanos, de acuerdo a la definición hegeliana del burgués, como el hombre que no quiere abandonar la esfera sin riesgos de la vida privada apolítica. No se tiene en cuenta la advertencia de Carl Schmitt: “si un pueblo teme las fatigas y el riesgo de la existencia política, otro pueblo vendrá que le arrebate esas fatigas y cargue con ellas, asumiendo la política contra los enemigos exteriores y, con ella, la soberanía política.”

Siendo tan grave el riesgo, vale la pena intentar discernir el sentido profundo del drama político argentino.En primer lugar, debemos bucear en el pasado nacional, para tratar de comprender como pudo llegarse a la situación actual. Las constantes ambiguedades y contradicciones de la política argentina, tienen su causa profunda en la coexistencia, desde el comienzo de la historia patria, de “dos Argentinas”.

La Argentina “nacional”, que intenta su independencia desde el 12 de agosto de 1806, y la Argentina “liberal”, voluntariamente dependiente, que asoma el 14 de enero de 1809 con el Tratado Apodaca-Canning. Como afirma el historiador Víctor Somego: “El presente implanta el mismo dilema, y su problemática reaviva aspectos no resueltos del pasado.” Por eso, si en el futuro próximo no se logra una síntesis que permita afianzar un proyecto nacional, la Argentina desaparecerá como Estado independiente.

El segundo aspecto a considerar, es determinar si una sociedad como la Argentina, puede prender realmente ser conducida por un Estado independiente, en un mundo globalizado. Este aspecto está íntimamente vinculado con el anterior, pues ningún gobierno actuará con independencia si no está convencido de que puede y debe hacerlo. Si se piensa, como Alberdi, que no es nuestro hermano un hombre porque ha nacido en la misma tierra que nosotros, pues no somos hijos de la tierra sino de la humanidad, nunca la acción gubernamental se orientará al progreso de la propia sociedad.

La defensa integral de la sociedad, como decisión firme, exige una actitud patriótica. Ahora bien, no cabe duda que la globalización implica un riesgo muy concreto de que disminuya en forma alarmante el grado de independencia que puede exhibir un país en vías de desarrollo. Entendiendo por independencia la capacidad de un Estado de decidir y obrar por sí mismo, sin subordinación a otro Estado o actor externo, la posibilidad de dicha independencia variará según las circunstancias del país respectivo y de la capacidad y energía que demuestre su gobierno.

Resulta claro que los últimos gobiernos nacionales -previos al actual- optaron conscientemente por una “dependencia asumida”. Pese a todos los condicionamientos que impone la globalización, de ninguna manera es ésa la alternativa más racional, ni, por cierto, la única posible para la Argentina. Pues una cosa es orientar las velas en la dirección del viento, y otra muy distinta, entregar el timón del barco. Desde nuestra perspectiva, no deben ser motivo de preocupación los cambios de tamaño, forma y roles del Estado, mientras cumpla su finalidad de gerente del bien común.

Por otra parte, el mundo contemporáneo permite conservar cuotas significativas de independencia, si existe una Estrategia Nacional apta para solucionar los problemas gubernamentales. Es la actitud de los integrantes del gobierno, carentes de patriotismo y/o eficiencia, la que conduce, como señalaba hace ya veinte años Mario Orsolini, a “mutilar las posibilidades del Estado Nacional para optar y forjar un destino independiente, constriñiéndolo a resignarse al que le imponen los poderosos de esta tierra, según un determinismo que agravaría las servidumbres e injusticias imperantes y negando a la Nación la aptitud para participar e influir en la evolución de los acontecimientos o, al menos, preparar pacientemente las condiciones que le permitan hacerlo en el futuro.”             



[1]  Widow, Juan Antonio. La Revolución Francesa: sus antecedentes intelectuales; Verbo Nº 310-311, Marzo-Abril 1991, pg. 13.

[2]  Sanchez Sorondo, Marcelo. La clase dirigente y la crisis del régimen;  Buenos Aires, ADSUM, 194l, pgs. 37/38.

22/11/2006 16:04 Autor: utopia. Enlace permanente. Tema: Drama político argentino No hay comentarios. Comentar.


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